segunda-feira, 24 de dezembro de 2007

Verbum caro factum est


Ave María

Prot. 46/07

Roma, 23 diciembre de 2007

Verbum caro factum est

Queridos hermanos,

Nos encontramos una vez más en la Navidad: nace Jesús. Alegrémonos y exultemos. Intercambiémonos los saludos de felicitación. ¿Por qué? Una de las tres Personas de la Santísima Trinidad yace sobre un lecho de paja: increíble pero verdadero. El Paraíso se ha derramado sobre la tierra que se ha hecho doblemente hermosa. Toda distancia entre cielo y tierra ha sido anulada, el Paraíso es nuestra casa. Para convertir la tierra en una realidad verdaderamente hermosa Dios la ha revestida de luz, de esa luz que viene de su Hijo, Jesús. Los primeros testigos de este esplendor son María y José, pobres y sencillos, que nos muestran cuales tienen que ser las cualidades que debemos poseer para poder encontrar a Jesús. En el momento del advenimiento del Salvador, están solo ellos que representan a toda la humanidad.

Jesús ha venido para todos, sin exceptuar a nadie. No pasa lejos, viene en medio de nosotros, casi al alcance de la mano, hombre entre los hombres. Viene en puntillas, en el silencio de la noche, como si fuese la cosa más normal del mundo y ciertamente hay en su corazón el deseo de transformar la realidad más ordinaria. Lo extraordinario a servicio del ordinario. ¿Cómo no recordar sus palabras: sin mí no podéis hacer nada? No se trata de un personaje más anunciado con trompetas e interminables corteos, porque él es el protagonista que da valor a todas las cosas. La Sagrada Escritura habla de una tienda puesta en medio de nosotros para significar el deseo de alcanzar en el tiempo a todos los hombres, de todos los tiempos y de todos los lugares. Dios no quiere dar miedo. Se presenta en pañales, signo por excelencia de su presencia entre nosotros. ¡Dios envuelto en pobres pañales!

Puede ser que la luz que le sigue atemorice, pero los ángeles tranquilizan a los pastores, y con ellos también a nosotros, que no hay por que temer, además hay tanto que gozar, alegría para todo el pueblo, júbilo para nosotros llamados a ser luz del mundo. Así de una manera muy sencilla, la Navidad se nos presenta como una verdad que nunca deberíamos perder de vista. No podemos detenernos en las apariencias. Pues nos podrían engañar o por lo menos no decirnos toda la verdad de las cosas y de los hombres. Se nos recuerda que es necesario llegar al corazón de las cosas donde se encuentra su luz, donde esta su presencia.

Con la Encarnación ha acontecido este prodigio: cada cosa ha sido alcanzada por la divinidad. El pecado ha sido perdonado, el amor ha llenado cada corazón. Con Jesús comienza un mundo nuevo. Mirado con sus ojos todo es más hermoso. Todo es más verdadero.

Es él, al que yo envuelvo con mi carne. Es él pobre que yo ayudo. Es él enfermo que yo visito. Todos somos una cosa en Él. Por eso es necesario guardar la unidad de los corazones para no dividir a Jesús.

Felicidades, entonces, hermanos, de corazón. Una Navidad santa, un encuentro con Jesús nacido de María y que la Virgen Santa una vez más mete en nuestras manos y en nuestro corazón.

P. Giovannino Tolu

Maestro General

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